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La Segunda Prueba

Julian me recibió en la Estación de Autobuses de Plymouth (Gran Bretaña), a donde había ido para dar un taller unas horas después. Teníamos dos horas para dar un paseo por la parte histórica de la ciudad. Primero, una visita al lugar exacto donde Pocahontas puso pie antes de su trágico regreso a América. Murió al día siguiente y la trajeron de vuelta a Plymouth para el entierro.
Después dimos un paseo por la zona del puerto que prácticamente era una explanada debido a los bombardeos de la segunda guerra mundial. Y al final… “Roy, vamos a visitar el parque de la paz antes de las enseñanzas. Tardaremos menos de diez minutos” sugirió Julian.

El jardín era realmente bonito. Volvimos paseando rápido al coche… y al llegar vimos que ¡nos lo habían robado todo!

Mi primera reacción fue, “y ahora qué, Roy. Lo siguiente será sin duda mejor. No podrías estar más ligero”. Realmente me habían robado hasta la libreta de direcciones, el pasaporte y todos los objetos ceremoniales, el tambor, la pipa sagrada y el palo de tejer que acababan de confiarme. Lo mejor sería informar a la policía del robo y hacerme un nuevo pasaporte.

Llegamos en el momento justo. La bienvenida fue cálida y me concentré totalmente en cómo presentarme. El robo no estaba en mi mente en ese momento, pues recibí una inspiración extraordinaria.

Me vino un pensamiento profundo recordando mi búsqueda de visión, cuando me separé de todas mis pertenencias, para saber si era capaz de hacerlo. Todo esto y mucho más me venía a la mente. Consideré este incidente como una prueba y un recordatorio de la forma de pensar que me había hecho libre. También vino otro pensamiento, “Roy, ten cuidado, todavía tienes la responsabilidad de cuidar de la Medicina. Tu viaje aún no ha acabado”.

Para mí toda la experiencia había sido el “segundo regalo”…el saber que aún podía soltar las cosas más queridas para mi corazón.

Pues la policía había encontrado todo el equipaje. Una mujer estaba mirando por la ventana, buscando la ambulancia que había llamado porque se había roto un brazo. Entonces dos hombres saltaron de un coche y tiraron el equipaje a toda prisa en un contenedor. Parecía algo sospechoso, por lo que la mujer anotó la matrícula del coche y llamó a la policía. Cinco minutos más tarde detenían a los hombres, que estaban interesados en drogas y en dinero sobre todo. La Medicina no les importaba en absoluto… o ¿había sido la Medicina la que estaba bajo el espíritu de protección?

Categorías:Kalaitaka (Diario)
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